21 junio 2007

Julieta, la primera.

Me acuerdo que a Julieta la conocí mientras estudiábamos ingles, era rara, es decir, tenía todas las características de una chica de familia acomodada, había ido a buenos colegios y esas cosas, pero en su expresión había algo un tanto furioso que me llamaba la atención. No se que era, pero tenía ese no se qué que que se yo que hizo que me acercara a ella, yo tenia 16 años y había estado demasiado entretenido rompiéndole las pelotas a todo el mundo como para notar que era hora de buscarme una chica, antes que el mundo se vuelva en mi contra.

Por alguna extraña razón Julieta pensaba que yo era algo así como un amante latino en desarrollo, creía fehacientemente que yo a los 16 ya había tenido las suficientes aventuras sexuales como para enseñarle algunas, pero la verdad era otra. A los 12 había encontrado la manera de hacer del mundo un lugar divertido simplemente haciendo todo lo que me daba la gana (y estaba en la medida de mis posibilidades), motivo por el cual no me había detenido en mujeres, estaba demasiado ocupado para hacerlo. Pero Julieta no sabía que era así y por alguna razón tampoco me detuve a contradecirla. El hecho de que ella crea que yo era algo así como un play boy de 16 años me favorecía, lograba captar su atención.


No lo había planeado, no sabía como actuar, esta brusca interrupción de las mujeres en mi vida paso casi sin darme cuenta por lo que no había podido siquiera comentarlo con algún amigo como para compartir experiencias y armar algún plan de acción. Nos mantuvimos jugueteando durante unas semanas hasta que un día, en la puerta de su edifico sucedió algo extrañísimo. Como siempre, y cuando digo siempre me refiero a las ultimas semanas, las del jugueteo, que es el único tiempo que importa, la había acompañado hasta su casa después de las clases de inglés. También como siempre nos quedamos hablando un rato en la puerta. Pero a diferencia del resto de las veces, cuando nos fuimos a despedir me partió la boca. Debe ser la primera vez que me detengo a reflexionar sobre esta frase: “… partió la boca” y me doy cuenta que difícilmente esta conjunción de palabras encaje mejor en cualquier otro beso que no sea el primero.

Cuando los labios de Julieta colisionaron contra los míos pasaron por mi una larga sucesión de sensaciones extrañas que iban tan rápido que no podía siquiera analizarlas. No debe haber durado más de 10 segundos pero el tiempo se detuvo en ese pequeño acto. No tenía la menor idea de que era lo que estaba pasando, nunca me había pasado, me tomo por sorpresa, estaba desorientado… pero me gustaba, evidentemente me gustaba, no quería que se termine por ninguna razón, en realidad en algún lugar de mi había algo que deseaba que se termine para poder sentarme a analizar lo que acababa de pasar, pero para eso ya habría tiempo. Finalmente esos pocos y eternos segundos llegaron a su fin y Julieta decidió que ya era suficiente. Separó sus labios repentinamente y no me gusto mucho que lo hiciera, pero yo estaba en un estado muy similar a los que poco después descubriría que era estar borracho, por lo que no pude reaccionar mucho, simplemente exigí más y me dieron un par de segundos mas… después me fui, algo así como más feliz que la mierda.

Fue un 10 de julio de 1994, un miércoles, a eso de las 19.30hs en un edificio que esta frente a la plaza San Martín, en el centro de Mendoza. Al medio día del jueves estaba nuevamente ahí buscando más.

Repentinamente me di cuenta que tener mi primer historia con una chica a los 16 años no estaba bien por lo que tenía que recuperar tiempo perdido y así lo hice. Julieta despertó mis primeros y mas primitivos instintos, no es que antes no se me había ocurrido, pero estos estaba sustentado sobre hechos reales. Entre Julieta y yo pasaban cosas, había contacto, no como en las fantasías que uno puede tener en la adolescencia.

Lo cierto es que yo no sabía nada al respecto, todo tenia que ir aprendiéndolo en el camino, no tenía teoría ni tiempo para buscarla, había que aprovecharlo por que tampoco tenía la más pálida idea de cuanto duraba todo esto… era la primera. Así transcurrieron los primeros días con mi primer novia, en ningún momento nos preguntamos si éramos novios pero ambos sabíamos que así era, estaba clarísimo.

Todas las sensaciones que no había vivido en esos años las estaba viviendo juntas en pocos días. Cuando digo “todas” me refiero a todas las que se me ocurrían a esa edad, que eran bastante pocas por que aunque ya tenía 16 la inocencia no la había perdido del todo. Y “todas” se limitaban a darnos todos los besos que se pudiera durante todo el tiempo que se pudiera. Tal era mi falta de conocimiento en la materia que a los pocos días tuve que sufrir una de las preguntas mas complicadas que sufrí por aquel entonces. Habiendo pasado ya unos cuantos minutos de besos que yo consideraba demasiado apasionados, Julieta me pregunto por que no metía la lengua cuando besaba. Me quede descolocadísimo, no sabía de que me estaba hablando. ¿Para qué mierda había que meter la lengua cuando uno le da un beso a una mujer?, ¿qué se supone que significaba eso?. Pero tenía una reputación que mantener por lo que no podía verme como un mojigato, invente alguna estupidez que hasta el día de hoy creo que se creyó, pero que no estoy seguro de que así haya sido.

Una vez mas la vida me sorprendió, por segunda vez en la semana estaba descubriendo un mundo nuevo. No solo había dado mi primer beso sino que ahora había que incorporar la lengua, y eso abría todo un universo nuevo, un mundo a explorar.

Y así paso la primer semana junto a Julieta, la primera. Un desenfreno de besuqueos y lengüetazos que levantaban la temperatura ambiente a una velocidad nunca antes vista por mi. El problema fue que la primer etapa de noviazgo paso muy rápido. Llevábamos una semana de novios y ya empezaron a salir algunas asperezas. Julieta, la primera, había tomado un comportamiento que con los días empezó a perturbarme. Un día, casi sin previo aviso, estábamos hablando a la salida de las clases de inglés y de pronto se acercó lentamente a mi oreja y susurró al mejor estilo Francella: “te quierooooo”. No tengo ningún problema contra esas palabras, pero el tono en que lo decía y ese estiramiento injustificado de la “oooo” me ponía extremadamente nervioso. Estas palabras empezaron a hacerse cada vez mas frecuentes y el tono era exactamente el mismo. Personalmente o por teléfono sonaban iguales. Siempre el mismo, monótono y estirado: “te quieroooo”. Cuando me lo había dicho cerca de 70 veces en menos de una semana mi paciencia comenzó a agotarse. Calculo que ella estaba esperando que le diga que yo también la “quierooooo”, pero era tal el escalofrío que me producía que era imposible que después de sufrir esas sensaciones yo dijera algo remotamente romántico. Era como pretender que alguien se coma un lomo completo con jamón y huevo después de haber vomitado la cena fruto de una descompostura producida por algún alimento en mal estado, me explico?

Llego un momento en que no hacia otra cosas que decirme “te quieroooo”, ya no hablaba de otra cosa, no había otro tema. Era como una muletilla, ante la mas leve oportunidad lo metía, parecía que me media la respiración como para meter un “te quieroooo” cada vez que tomaba aire.

Yo estaba desesperado, a esa altura ya se me había generado todo un trauma que sabia que iba a tener que sacar con ayuda profesional. Tenía que hacer algo al respecto pero no sabia bien que hacer. Era mi primer novia, no sabia ni como cortar la relación, que se decía?. No podía serle sincero, imagínense!, “Hola Julieta, mira la verdad es que no quiero verte nunca mas, cada vez que me decís “te quieroooo” me corre un escalofrío por toda la espalada que sin lugar a dudas no es amor, sino una profunda repulsión que temo que me esta generando un daño irreparable en mi inconciente”. Definitivamente no podía decirle eso, no tenia nada que ver. Finalmente alguna tremenda estupidez se me ocurrió y terminé con Julieta, la primera.

Pero la vida tiene esas cosas que te sorprenden, a Julieta, la primera, sólo la recuerdo por que fue la primera, ese es su único merito, nada más que mi primer novia y nada menos. Los traumas de sus “te quieroooo” al poco tiempo desaparecieron y hoy, 13 años después, la vida me mandó otra Julieta que en lo único que se parecen es en el nombre. Esta Julieta no me dice “te quierooooo”, me dice “te amo”, y yo también la amo, por eso se transformó en Julieta, la última.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

tenia los mismos bigotes de francella?, eso si me generaria traumas irreparables

Nacho dijo...

por dios nooooooooo!!!!

Magui Castro dijo...

waaaaaaaaaaaawaaaaaaaaa

lloro de la emocióoonn, Q GRANDE Q ESTÁ MI HERMANOOO!!!!

x fin maduraste cabróon!!

Gracias Julieta, y bienvenida a la familia!

la ultima dijo...

no se si dejaremos de ser adolescentes,
ni cuanto escalfrio podremos ocasionarnos,
pero si se cuanto significan
esas dos palabras.

(gracias magui)
l.u.

oLiviA dijo...

si parto vivo..y si quedo muero, dijo Julieta a Romeo.

saludos nacho!